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El que espera, no desespera. O como dar la vuelta a la tortilla.

Porque claramente paso eso. Antes J me esperaba a que yo llegue del laburo. Ahora, ocurre lo contrario. Yo espero a J. Y todavía ando buscando el modo exacto de la espera sin esperar. En un rato, voy a ir al chino a comprar vino y crema de leche. Cuando llegue, abrimos el vino. Le digo que tengo unos canelones descongelandose en la bacha. Y que, también, tengo una salsa de tomate que me dio mi vieja. Tal vez venga poco famélica. El vino nunca está de más. Y charlar con J es todo lo que espero.
Hoy puse con M un estante flotante. Me costó un poco porque no entendia las dimensiones de la profundidad del agujero. Es la primera vez que uso la agujereadora. Necesitaba otro ojos para que me digan que estaba bien lo que estaba haciendo. Sin otros ojos, yo no hago nada. O si, pero espero a los ojos para escuchar sus opiniones Así que todo lo que hago cuando no está J se completan con los ojos de J, con los oidos de J, con todo su cuerpo. 

La seguridad confiada del ruido ensordecedor.

La puerta del edificio cuando queda abierta suena un alarma. Hoy al salir del departamento. Sonaba la alarma. Al tomarme el ascensor, seguía sonando. Llegue a planta baja y antes de abrir las puertas tome aire. Me cerre la campera, me puse la capucha y me dije que sea lo que dios quiera. No había nadie, sólo otro que no se dio cuenta de cerrar la puerta.
La madrugada me hace poner alerta, más que la noche. Porque la noche empieza y la madrugada finaliza. Y a nadie le gusta los finales.

Cualquiera conciente o Interludio primera parte.

Podía haber escrito hoy no me bañe, y alojar este acto en la etiqueta de higiene. Pero supere mi inútil rebeldía ya que pase por el agua luego de volver de correr. Circuito chico elegí luego de días que fueron meses sin sincronizar movimientos aeróbicos.
Tengo que terminar de pintar la pared que empecé el día que T me dijo que mejor en otro momento. Y justo ayer, el día de la tierra se me vino a la cabeza. Las mujeres, la mujer y mi mujer. Hoy, para olvidar la penas, E me dio a probar su mezcla de caña con ruda. N me había dicho que se debía de beber por la mañana y en ayunas. Guardo los mejores momentos este mediodía, atendiendo a los clientes con la garganta tibia, un poco entonado por pasarme de tragos. 
Tengo listos mis marcadores para diagramar el conograma de días que pego en la heladera y que completo con datos estadísticos del estilo de cuántos minutos corro, cuántos minutos medito, cuántos minutos duermo la siesta, cuántos minutos veo tv, cuántos minutos me lleva afeitarme, cuántos minutos soy feliz, cuántos minutos lloró, cuántos minutos me lleva ordenar la casa, cuántos minutos estoy frente al monitor, cuántos minutos extraño. Es la primera vez no comprendo como tolerar tanto extrañamiento. 
Los días en Melo se vuelven largos cuando no se hace cualquiera. 

Cualquiera IV

Aterrice con un dolor de espalda, que ya viene siendo constante y peligroso. Un sueño atroz me llevo a la cama llena de ropa usada días anteriores. Ni quise asomar por la cocina, en la que los platos se hallaban sin lavar desde el principio de la semana. 
Dormía en calzones y llamó C que venía. Seguía durmiendo y llamó C estaba abajo. Merendamos té con limón y tostada con queso blanco y mermelada. El encuentro fue productivo. Dividimos tareas y planeamos la realización del noticiero. 
Era temprano, salimos juntos con C. Ella se fue para Cordoba, yo al chino. Volví con una coca para el  fernet, unas calabazas para la sopa, una berenjena para la cena y una manzana para el postre. Nada de eso sucedió. Sin escalas, me encontré en la cama, llena de ropa usada días anteriores, vestido y dispuesto a dormir antes de las ocho de la noche. Cuando desperté, ya era casi, la hora de bañarse. Pensé en quedarme despierto y vivir la experiencia de un falso insomio. Pero ya la idea me dio miedo. 
Salí de casa con hambre, con la sensación de alivio porque venia M y ordenaría la cama llena de ropa usada días anteriores.

Cualquiera III

M me recriminó porque al preguntarme qué había almorzado, yo le conteste "un Mango". Empezó con su discurso de que estaba preocupada por mi alimentación. Pero me desperté tarde de una siesta innecesaria y no quería bajar a lo de R a comprar unas verduras. También, porque el Melón tiene el carozo más grande que yo he visto en una fruta. Disfrutó comerlo con las manos y dejarlo blanco como si estuviera comiendo una costillita de cerdo. Pero nada que ver. 
Después, al atardecer, me agarró culpa y baje por unas verduras. Otra vez, al terminar una siesta innecesaria, ya entrada la noche cerrada, sin saber si salió la luna, me dedique a lavar, cortar, cocinar y condimentar. Por primera vez, luego de 120 días aproximados, estrené la mesa. Me senté sin temor a mirar al frente y no encontrar ojos en donde descansar mi mirada. Tal vez, es hora de agradecer la semana que pase con L. Tal vez, no coma más en la mesa en soledad. Tal vez, prefiero sentarme en el piso junto a la mesa ratona. Tal vez, me acostumbre al blanco de la pared de la cocina. No creo que me de placer sentarme en el sillón y prender la Tv. Comer así, es no estar consciente de lo que se ingiere.


Cualquiera II

Venimos practicando una costumbre para nada sana. La de merendar a las nueves de la noche y de seguir de largo sin cenar. Cómo sucede esto. Es tan simple como decir que madrugo y a las once me gana el sueño que el hambre. No es para preocuparse, pasa pocas veces y ahora en vacaciones para nada. El caso que ayer me levante a la una de la noche y me quise hacer el chef. Si, que voluntad la de ponerse el deltantal y prender la ornalla. Unos brocolis con crema, pimienta y queso se cocinaron poco. Por mi ansiedad, termine en la cama, comiendo esos mini arboles totalmente crudos pero nutritivos. Y es así, en Melo hacemos cualquiera pero la pasamos bien y se hace todo de corazón.

Pd: para escribir tengo que venirme a la cocina, el único lugar de invención.

Cualquiera I

Tenía que volver caminando. El disco "All thing must pass" me había tocado el alma y quería volver a jugar con los dioses. Nunca antes había tenido la dicha de tener semejante disco y auriculares para poder caminar sin preocupación. Lo cierto que llegue a PM cansado. Agotado por no haber dormido siesta. Aunque O me dijo que sólo me preocupaba dormir. Tiene razón, no creo que cambie. Ya en el living mientras hacía zapping, pensaba qué comer y no se me ocurria. Por el cable pasaban una pelí en blanco y negro sobre la vida trágica y melancólica del cantante de Joy divison: IC. Ya la había visto antes. El film me resucitó una tristeza que tenia guardada de tiempo atrás. Decidi apargarla y dormir siesta. Gran error. A la medianoche me despierto con hambre y en la cocina decido terminar el paquete de coquitas que habia comprado a la tarde. Y seguí durmiendo sin cenar, ¡cualquiera!.

 Vínculos