VII
VI
Con escasas pruebas empíricas, el joven pensador describe el caso del "nombre a caballo". Según el texto, ciertos nombres, como Jorge, son condenados a ciertas profesiones. Frente a una posición apocalíptica, demuestra que elección de un nombre conlleva la elección del futuro. Sus ultimas páginas vienen cargadas de la historia del nombre Jorge y de cómo llego al maravilloso mundo de la gastronomía.
V
Ayer me llamó, me dijo que se iba a la costa. Tenía la misma voz de teniente general, grave y fuerte. Había conocido a una chica. No estaba enamorado, pero quería jugar sus cartas. Le contestá con indiferencia. Ya habían pasado los cinco minutos de fama con Jorge. Pero él seguía hablando. Hace cuánto que no se lo escuchaba así. Termino la conversación con los típicos saludos a la familia.
Más tarde, ya en soledad, miró mi casilla de mails y encuentro un mail de Jorge:
"Salimos mañana a las 10 de la mañana. Te paso a buscar por tu casa. Armate el bolso". Era claro y sencillo. Otra vez. Esa noche no dormí, en una mochila puse un par de libros para llenarla y me fui cuando toco el timbre. Jorge vestía camisa blanca de seda, un desgastado pantalón deportivo de los ´90 y unas alpargatas verdes. En la cuadra no veía ningún auto. Le pregunté a Jorge y me contestó: "vamos en el tuyo".
IV
No fue casualidad manchar de rojo el conejo de S. Tampoco se esperaba otra cosa. A Jorge le temblaba la mano. Sus latidos crecían en intensos y sus ojos llameaban. Esa aura maquiavélica, que en sueños había construido, se hacía realidad. S. lloraba, seguía siendo sólo un “símbolo de paz”.
III
II
Confesar desde cuando empezó este hábito me es pudoroso. En realidad, no lo sé. No hay un día que dije: “¡lo hago!”. En otras palabras, surgió. Fue algo espontáneo, lo dejé fluir. Y, poco a poco, fue creciendo.
Una amiga en común me decía que era un chico curioso. Ahora, que le dije de mi adicción, corrobora su hipótesis. Pero, no fue sólo por mí “espíritu” de “investigador”. Tratar, de nuevo, descubrir razones, encontrar el “por qué” me acerca a la ciencia científica. Acaricio un modelo de análisis que detesto y, que es tan usado en nuestros tiempos. Pero sí, obvio, preparo mí discurso para la pregunta que me harán.
I
Las palabras “a compete”, “mounstrosidad”, “pajita”, le hacían recordar a la página veinticuatro del libro de Kamasutra de Hosiro Kasumoto. Como un texto académico, Jorge se sabía cada parte de memoria. Pero, su timidez le impedía poner la teoría acumulada en práctica.
En las charlas con sus amigos, él era el más interesado en saber sobre el sexo femenino. La realidad era que nunca se había acercado a una mujer con fines de llevarla a la cama. Sus intenciones eran ingenuas, aunque en su subconsciente guardaba sus asquerosos pensamientos.
Jorge y Hosiro Kasumoto se habían hecho inseparables. De noche, por la tardes o, porqué no, alguna mañana eran buenos momentos para sumergirse en el mundo de los placeres. Aunque, a veces, tenía sus “rayes”. Prometía dejar el libro y salir a la calle a devolver las miradas de las pulposas adolescentes. Pero esas promesas se desvanecían al caer la noche y estar en su cama, con su libro abierto y su dedo índice en el culo……